Córdoba, la ciudad más poblada del centro del país (y segunda, según cómo entendamos el concepto de «ciudad»), tiene 1.598.857 habitantes (Censo 2022). Es la segunda aglomeración urbana de Argentina y, a diferencia de Rosario, sí es capital provincial. Su tamaño, su historia universitaria y su perfil de ciudad industrial y de servicios la convierten en un caso fascinante para mirar con lupa censal.

¿Qué sabemos de Córdoba?
Es una ciudad que creció hacia las sierras y hacia el sur, que tiene una tradición fabril fuerte (desde la industria automotriz hasta la tecnológica) y que, al mismo tiempo, concentra buena parte de la pobreza urbana en barrios periféricos mal conectados. También es una ciudad con migración interna importante —muchos estudiantes y trabajadores del norte del país— y con una creciente presencia de población extranjera, sobre todo de Venezuela, Perú y Bolivia. Pero también vemos varias nacionalidad extranjeras no mayoritarias viviendas en las prefieras noreste y sureste.

Cuando uno recorre los datos por radio censal aparecen claros contrastes: zonas con altísimo porcentaje de viviendas ociosas (¿abandono, inversión especulativa, turismo?), otras donde el alquiler supera el 40% de las viviendas (posible presión inmobiliaria), y un patrón de informalidad laboral que trepa por encima del 50% en varios radios del cordón sur y noroeste.
También se ven cosas más sutiles. Por ejemplo: la actividad económica principal por radio censal muestra una ciudad mucho más diversificada de lo que se cree, con clústeres de servicios profesionales, comercio, educación y hasta agricultura intraurbana. Y el NDVI (vegetación) revela que las zonas verdes no se distribuyen con equidad: hay barrios literalmente más calurosos, más grises, con menos árboles.

Acá hay un punto importante: son indicios de cosas que desconocemos. La app funciona también como una invitación: que quienes sí viven Córdoba puedan ponerle contexto a estos patrones, confirmar, discutir o incluso contradecir lo que muestran los datos. Por qué en tal radio hay tanta vivienda desocupada. Si realmente esa densidad tan alta es sinónimo de vitalidad urbana o de hacinamiento. Qué pasa en los barrios donde el INSE-G7 (estrato socioeconómico) es bajo pero el empleo informal no es tan alto.
Porque el dato ordena, pero la interpretación —sobre todo a escala local— siempre es colectiva.





